Sinopsis
En el exclusivo pueblo de Rosewood, Pennsylvania, donde la más dulce
de las sonrisas esconde los secretos más oscuros, cuatro bonitas
mentirosas: Spencer, Aria, Emily, y Hanna, han sido muy malas chicas...
Spencer robó el novio de su hermana.
Aria tiene el corazón roto por su profesor de inglés. A Emily le gusta su nueva
amiga Maya... como mucho más que una amiga. Y la obsesión con la búsqueda
de Hanna de lucir perfecta está, literalmente, enfermándola. Pero el secreto más
horrible de todos es algo tan escandaloso que podría destruir sus perfectas
pequeñas vidas. Y alguien llamado "A" está amenazando con hacer
precisamente eso.
Al principio creyeron que era Alison, su amiga que desapareció hace tres años. .
. pero luego apareció muerta. Así que ¿podría ser Melissa, la ultra competitiva
hermana de Spencer? O Maya, ¿qué quiere a Emily para ella sola? Y ¿Qué hay
de Toby, el hombre misterioso que dejó la ciudad justo después de que Alison
desapareció?
Una cosa es cierta: una tiene la tierra para enterrarlas a todas vivas, y con cada
nota arrugada, mail y mensajes de texto vengativos que “A” envía, las chicas
están un poco más cerca de perderlo todo.
Prólogo
Como comenzó realmente¿Tú conoces el chico que vive a pocos pasos de ti que es sólo la persona
más espeluznante en la vida? Cuándo tú estás en tu porche delantero,
a punto de besar a tu novio por las buenas noches, y lo puedes ver,
solo mirándote allí en la calle, de pie. El que aparece de repente cuando tus estas
contando los mejores chismes a tus amigas-excepto que quizás no sea tan de
repente en todos. Es el gato negro que parece conocer tu ruta. Si él se pasa por
tu casa, tú piensas, voy a reprobar mi examen de biología. Si te mira divertido,
Cuidas tu espalda.
Cada ciudad tiene un Chico gato-negro. En Rosewood, su nombre era Toby
Cavanaugh.
—Creo que ella necesita más rubor —Spencer Hastings se echó hacia atrás y
examino a una de sus mejores amigas, Emily Fields.
—Todavía puedo ver sus pecas.
—Tengo algo de corrector Clinique —Alison DiLaurentis dio un salto y corrió a
su maquillaje en la bolsa de pana azul.
Emily se miró en el espejo apoyada sobre la mesa de café en la sala de Alison.
Ella inclino su rostro de un lado, luego del otro, y frunció sus labios de color
rosa. —Mi mamá me mataría si ella me viera con todas estas cosas encima.
—Sí, pero vamos a matarte si te lo quitas —advirtió Aria Montgomery, que
estaba, por sus propia razones Aria, saltando por la habitación en un sujetador
rosa que había tejido recientemente.
—Sí, Em, te ves increíble —coincidió Hanna Marin. Hanna estaba con las
piernas cruzadas en el suelo y girándose alrededor para comprobar que su raya
no se viera fuera de sus bajitos, y un poco demasiado pequeños pantalones
vaqueros azules.
Era una noche de viernes de abril, y Ali, Aria, Emily, Spencer, y Hanna estaban
teniendo una de sus típicas pijamadas del sexto grado: poniendo demasiado
maquillaje unas sobre otras, comiendo chips sancochadas con sal y vinagre, y
viendo a medias MTV Cribs en la TV de pantalla plana de Alí. Esa noche habían
añadido al desorden la ropa de todo el mundo desplegándose en la alfombra,
ya que había decidido hacer sus cambios de ropa para el resto del año escolar
de sexto grado.
Spencer sostenía una chaqueta de cachemira de color amarillo limón con torso
delgado.
—Toma —le dijo Ali—. Se verá lindo en ti.
Hanna puso una falda de pana color oliva de Ali alrededor de sus caderas, se
dirigió a Alí, y saco una pose. —¿Qué te parece? ¿Le gustaría a Sean?
Ali gimió y golpeó a Hanna con una almohada. Desde que se habían hecho
amigas en septiembre, todo lo que Hanna podía hablar era de lo mucho que
Amaaaba a Sean Ackard, un chico de su clase en Rosewood Day School, donde
había estado desde la guardería. En quinto grado, Sean no había sido más que
otro bajito, con pecas en su clase, pero durante el verano, había crecido un par
de pulgadas y perdido su barriguita de bebe.
Ahora, casi todas las chicas querían besarlo.
Era increíble cuanto pudo cambiar en un año.
Las chicas-todo el mundo, excepto Ali-sabían eso muy bien. El año pasado, no
estaban más que... allí. Spencer era la súper-excitada chica que se sentaba en la
parte delantera de la clase y levantaba la mano a todas las preguntas. Aria era la
ligera chica loca que inventaba rutinas de baile en lugar de jugar al fútbol como
todos los demás. Emily era la tímida, misteriosa, nadadora que tenía mucho
para dar bajo la superficie- si tú la llegabas a conocer. Y Hanna podría haber
sido torpe y altanera, pero estudiaba Vogue y Teen Vogue, y de vez en cuando
dejaba escapar algo totalmente al azar sobre la moda que nadie más sabía.
Había algo especial en todas ellas, claro, pero vivían en Rosewood,
Pennsylvania, un suburbio a unas veinte millas fuera de Philadelphia, y todo era
especial en Rosewood. Las Flores olían más dulce, el agua tenía mejor sabor, las
casas eran simplemente más grandes. La gente bromeaba diciendo que las
ardillas pasaban las noches limpiando la basura y sacando los dientes de león
errantes de las aceras de adoquines en Rosewood
La apariencia perfecta para sus residentes más exigentes. En un lugar donde
todo parecía tan perfecto, era difícil destacar.
Pero de alguna manera Ali lo hizo. Con su cabello rubio y largo, la cara en
forma de corazón, y sus enormes ojos azules, era la chica más impresionante de
todas alrededor. Después de que Ali las unió en su amistad, a veces se sentía
como si las hubiera descubierto, las chicas estaban definitivamente más que allí.
De repente, tuvieron un pase de acceso para hacer las cosas a las que nunca se
habían atrevido antes. Como cambiarse a faldas cortas en el baño de chicas de
Rosewood Day después de bajarse del autobús en la mañana. O pasarles a los
muchachos notas de besos en la clase. O caminar por el pasillo Rosewood Day o
en una línea de intimidación, haciendo caso omiso de todos los perdedores.
Ali tomó un tubo de lápiz labial morado con brillo y lo unto todo sobre los
labios.
—¿Quién soy yo? —las otras gimieron, Ali estaba imitando a Imogen Smith,
una chica de su clase que estaba un poco demasiado enamorado de su lápiz
labial Nars.
—No, espera —Spencer frunció los labios en forma de arco y le entregó una
almohada a Ali—. Pon esto en tu camisa.
—Lindo —Alí lo metió debajo de su polo rosa, y todo el mundo se rió un poco
más. El rumor era que Imogen había ido hasta el final con Jeffrey Klein, un
estudiante de décimo grado, y ella tendría a su bebé.
—Ustedes son terribles —Emily se ruborizó. Ella era la más recatada del grupo,
tal vez debido a su súper estricta educación, sus padres pensaron que lo
divertido era diabólico.
—¿Qué, Em? —vinculando Ali su brazo con el de Emily—. Imogen lucia
terriblemente gorda, ella debía esperar a estar embarazada.
Las chicas se rieron de nuevo, pero un poco mas inquietas. Ali tenía un talento
para encontrar la debilidad de una chica, y aunque ella tenía razón sobre
Imogen, las chicas todas las veces se preguntaban si alguna vez Ali las
destrozaba cuando no estaban presentes. A veces era difícil saber a ciencia
cierta.
Se instalaron de nuevo en pasarse la ropa de la una a la otra. Aria se enamoró
de un vestido ultra-preppy, Fred Perry de Spencer. Emily se deslizó una
minifalda vaquera por sus piernas flacas y pregunto a todos si no era
demasiado corta. Ali declaró un par de pantalones vaqueros Joe de Hanna
como demasiado “trasero-acampanado” y los deslizó fuera de ella, revelando
sus shorts de chico de terciopelo rosa caramelo. Mientras caminaba por la
ventana a la música, se quedó inmóvil.
—¡Oh, Dios mío! —gritó, corriendo detrás del sofá de terciopelo de color mora.
Las chicas voltearon. En la ventana estaba Toby Cavanaugh. No estaba más
que... allí de pie. Mirándolas.
—¡EW, EW, EW! —Aria cubrió su pecho, ya que se había quitado el vestido de
Spencer y estaba otra vez en su sujetador tejido. Spencer, que estaba vestida,
corrió hacia la ventana—. ¡Aléjate de nosotras, pervertido! —exclamó.
Toby sonrió antes de que él se volviera y saliera corriendo.
Cuando la mayoría de la gente veía a Toby, cruzaba al otro lado de la calle. Era
un año mayor que las chicas, pálido, alto y flaco, y siempre estaba dando
vueltas sólo por el barrio, al parecer espiando a todo el mundo. Se habían
escuchado rumores acerca de él: que había sido capturado dando un beso
francés a su perro. Que era un buen nadador porque tenía branquias como los
peces en lugar de pulmones. El hecho de que dormía en un ataúd en su patio
trasero en la casa del árbol todas las noches.
Sólo había una persona que hablaba con Toby: su hermanastra, Jenna, que se
encontraba en su grado. Jenna era una idiota sin esperanza también, aunque
mucho menos escalofriante-por lo menos ella hablaba en oraciones completas. Y
ella era bonita de una manera bastante molesta, con el cabello grueso, oscuro,
amplios y serios ojos verdes, y fruncidos labios rojos.
—Me siento, como, violada —Aria retorció su cuerpo naturalmente delgado
como si estuviera cubierta en E. coli (el germen q causa la diarrea). Acababa de
aprender esa experiencia en la clase de ciencias—. ¿Cómo se atreve a
asustarnos?
La cara de Ali ardía roja de furia. —Tenemos que vengarnos.
—¿Cómo? —Hanna amplió sus ojos de color marrón claro.
Alí pensó por un minuto. —Debemos darle un poco de su propia medicina. Lo
que hay que hacer… —ella explicó, para asustar a Toby. Cuando Toby no
estaba merodeando alrededor del barrio, espiando, era garantizado que estaba
en su casa del árbol. Pasaba cada segundo allí, jugando con su Game Boy o,
quién sabe, construyendo un robot gigante para atacar a Rosewood Day. Pero
como la casa del árbol era, obviamente, en un árbol-y porque Toby se detenía en
la escalera de cuerda para que no le pudiera seguir- no sólo podían mirarlo y
decir boo—… así que necesitamos fuegos artificiales. Por suerte, sabemos
exactamente dónde están —Ali sonrió.
Toby estaba obsesionado con los fuegos artificiales; guardaba un alijo de
cohetes de botella en la base del árbol y, a menudo los encendía a través del
tragaluz de su casa del árbol. —Los buscamos a escondidas, los robamos, y los
encendemos hacia su ventana —Alí explicó—. Eso lo volverá loco.
Las chicas miraron a la casa Cavanaugh cruzando la calle. Aunque la mayoría
de las luces ya estaban encendidas no era tan tarde- sólo las diez treinta. —No
sé —dijo Spencer.
—Sí —asintió Aria—. ¿Qué pasa si algo sale mal?
Ali suspiró dramáticamente. —Vamos, muchachas.
Todo el mundo estaba en silencio. A continuación, Hanna se aclaró la
garganta. —Me parece bien.
—Está bien —cedió Spencer. Emily se encogió de hombros y Aria estuvo de
acuerdo.
Ali dio unas palmadas y un gesto hacia el sofá por la ventana. —Voy a
hacerlo. Ustedes pueden ver desde aquí.
Las chicas se volvieron a la ventana de la sala principal de la bahía grande y,
vieron deslizarse a Ali al cruzar la calle. La casa de Toby estaba en la Gatunaesquina
a la de los DiLaurentis y fue construida en el mismo estilo victoriano
impresionante, pero ninguna casa era tan grande como la granja de la familia
de Spencer, que bordeaba el patio trasero de Alí. Los Hastings tenían su propio
molino de viento, ocho habitaciones, garaje para cinco coches bien separados,
una piscina bordeada de rocas, y un apartamento-establo aparte.
Ali corrió alrededor del patio lateral de los Cavanaugh y hasta la casa del árbol
de Toby. Estaba parcialmente oscurecido por olmos y pinos altos, pero la farola
iluminaba lo suficiente para que pudieran ver su contorno
vagamente. Unos minutos más tarde, estaban bastante seguras de que vieron a
Ali tomar un fuego artificial en forma de cono en sus manos, dando pasos a
unos seis metros hacia atrás, lo suficiente para que ella tuviera una visión clara
de la ventana de la casa del árbol de color azul parpadeante.
—¿Crees que realmente lo va a hacer? —Emily dijo en voz baja. Un automóvil
se deslizó, dándole brillo a la casa de Toby.
—Nah —dijo Spencer, dando vueltas nerviosamente al diamante que sus
padres le habían comprado para conseguir solo A´s en su último reporte—. Ella
se está luciendo.
Aria puso la punta de una de sus trenzas negras en su boca. —Totalmente.
—¿Cómo sabemos que Toby está incluso ahí dentro? —preguntó Hanna.
Cayeron en un silencio tenso. Habían estado en lo que correspondía a las
travesuras de Ali, pero esas habían sido inocentes-colarse a escondidas en la
bañera de hidromasaje de agua salada del spa Fermata cuando no tenían
cita, poner gotas de colorante negro en el champú de la hermana de Spencer,
enviar cartas falsas de un admirador secreto, de: Director Appleton. Para: la
tonta Mona Vanderwaal en su grado. Pero algo acerca de este hecho las ponía a
todas solo un poco... incómodas.
¡Boom!
Emily y Aria dieron un salto hacia atrás. Spencer y Hanna presionaron la cara
contra la ventana. Todavía estaba oscuro en ese lado de la calle. Una luz
brillante parpadeaba desde la ventana de la casa del árbol, pero eso fue todo.
Hanna entrecerró los ojos. —Tal vez no fueron los fuegos artificiales.
—¿Qué otra cosa podría ser? —dijo Spencer con sarcasmo—. ¿Un arma?
Entonces el pastor alemán de los Cavanaugh comenzó a ladrar. Las muchachas
se cogieron una de los brazos de las otras. La luz del otro lado del patio se
encendió. Hubo grandes voces, y el Sr. Cavanaugh estalló por la puerta
lateral. De pronto, dedos pequeños de fuego saltaron desde la ventana de la
casa del árbol. El fuego comenzó a extenderse. Parecía el video que los padres
de Emily la hacían mirar cada año en Navidad. Luego vinieron las sirenas.
Aria miró a las otras. —¿Qué está pasando?
—¿Creen ustedes que... ? —Spencer dijo en voz baja.
—¿Qué pasa si Ali… ? —Hanna comenzó.
—Chicas —una voz salió de detrás de ellos. Ali quedó en la puerta de la gran
sala. Sus brazos estaban en sus lados y su rostro estaba pálido, más pálido de lo
que nunca la habían visto antes.
—¿Qué pasó? —dijeron todas a la vez.
Alí las miró preocupada. —No lo sé. Pero no fue mi culpa.
La sirena se acercaba más y más... hasta que una ambulancia se lamentó en la
entrada de los Cavanaugh. Los paramédicos se derramaron y se apresuraron a
la casa del árbol. La cuerda había sido reducida hasta abajo.
—¿Qué ocurrió, Ali? —Spencer se volvió, saliendo por la puerta—. Tienes que
decirnos lo que pasó.
Ali inició después de ella. —Spence, no.
Hanna y Aria se miraron entre sí, pero tenían demasiado miedo de
seguirlas. Alguien podría verlas.
Spencer se agachó detrás de un arbusto y miró hacia la calle. Fue entonces
cuando vio el feo, e irregular orificio en la ventana de la casa del árbol de
Toby. Ella sintió a alguien arrastrándose detrás de ella. —Soy yo —dijo Ali.
—¿Qué —Spencer empezó, pero antes de que terminara, un paramédico
comenzó a subir de nuevo a la casa del árbol, y él tenía a alguien en sus
brazos. Estaba herido ¿Toby? ¿Estaba muerto...?
Todas las chicas, dentro y por fuera, estiraron el cuello para ver. Sus corazones
comenzaron a latir más rápido. Entonces, por sólo un segundo, se detuvo.
No era Toby. Era Jenna.
Varios minutos después, Ali y Spencer llegaron a la entrada. Ali dijo a todas lo
que pasó con una calma casi espeluznante: los fuegos artificiales se había ido
por la ventana y golpearon a Jenna. Nadie la había visto, de modo que estaban a
salvo, siempre y cuando todos guardaran silencio. Eran, después de todo, Los
fuegos artificiales de Toby. Si los policías le echaran la culpa a alguien, sería a
él.
Toda la noche, lloraron y se abrazaban y entraban y salían del sueño. Spencer
estaba tan conmocionada, que pasó horas hecha un ovillo en silencio, sin
parpadear pasando de E! a Carton Network a Animal Planet. Cuando despertó
al día siguiente, la noticia estaba por todo el barrio: alguien había confesado.
Tobey.
Las chicas pensaron que era una broma, pero el periódico local confirmó que
Tobey había admitido jugar con fuegos artificiales en su casa del árbol, el envío
uno por accidente en el rostro de su hermana... y fuegos artificiales la había
cegado. Ali leyó en voz alta, todas se reunieron alrededor de su mesa de la
cocina, tomadas de la mano. Ellas sabían que debían estar aliviadas, salvo... que
ellas sabían la verdad.
Los pocos días que Jenna estuvo en el hospital, ella estaba histérica y
confundida. Todo el mundo le pregunto lo que había sucedido, pero ella no
parecía recordar. Ella dijo que no podía recordar nada de lo que ocurrió justo
antes del accidente, tampoco. Los médicos dijeron que era probable por el estrés
post-traumático.
Rosewood celebró un de Día No-Jugar-Con-Fuegos-Artificiales en honor de
Jenna, seguido de un baile a beneficio y una venta de pasteles. Las chicas,
especialmente Spencer, participaron recelosas, aunque, por supuesto, fingían no
saber nada de lo que había sucedido. Si alguien les preguntaba, decían que
Jenna era una chica dulce y una de sus más cercanas amigas. Un montón de
chicas que nunca habían hablado con Jenna estaban diciendo exactamente
Lo mismo. En cuanto a Jenna, nunca más volvió a Rosewood Day. Fue a una
escuela especial para ciegos en Philadelphia, y nadie la vio después de esa
noche.
Las cosas malas en Rosewood terminaron teniendo un suavemente empujón
fuera de la vista, y Toby no fue una excepción. Sus padres lo educaron en su
hogar por el resto del año. Pasó el verano, y el año escolar próximo Toby se fue
a un reformatorio en Maine. Los dejó sin miramientos un día a mediados de
agosto. Su padre lo llevó a la estación SEPTA, donde tomó el tren hasta el
aeropuerto solo. Las chicas, vieron como su familia derribo la casa del árbol en
la tarde. Era como si quisiera borrar la mayor cantidad posible de la existencia
de Toby.
Dos días después de que Toby se fuera, los padres de Ali llevaron a las chicas a
un viaje de acampada a las montañas de Pocono. Las cinco estuvieron en balsa
y escalaron las rocas, y se broncearon en las orillas del lago. Por la noche,
cuando su conversación giró en torno a Toby y Jenna-como sucedía a menudo
en este verano-Ali les recordó que nunca podrían, nunca, decirle a nadie. Todas
tenían que guardar el secreto para siempre... y sellarían su amistad hasta la
eternidad. Esa noche, cuando ellas mismas se metieron en su tienda de
campaña con sus cachemiras, J. Crew encapuchados en torno a sus cabezas, Ali
dio a cada uno de ellas una pulsera de cadena de brillantes colores para
simbolizar el lazo. Ató los brazaletes en cada una de sus muñecas y les dijo que
repitieran después de ella: —Prometo no decir nada, hasta el día que me muera
—fue alrededor de un círculo, de Spencer a Hanna a Emily a Aria, diciendo
exactamente eso. Ali ato las pulseras luego. —Hasta el día en que muera —
susurró ella después de hacer el nudo, con las manos cruzadas sobre su
corazón. Cada una de las chicas apretó las manos. A pesar de la peligrosidad de
la situación, se sentían afortunadas de tenerse entre sí.
Las chicas llevaban los brazaletes a sus duchas, viajes de vacaciones de
primavera para DC y a Colonial Williamsburg-o, en caso de Spencer, a las
Bermudas-a través de las prácticas de hockey en sus sucios y desordenados
combates con la gripe. Ali logró mantener la pulsera más limpia que todas,
como si conseguir ensuciarla seria ensuciar su propósito. A veces recurría a
palpar con los dedos la pulsera y susurraba: —Hasta el día en que muera —
para acordarse de lo cerca que estaban todas. Se convirtió en su código, todas
sabían lo que significaba. De hecho, Ali lo dijo al menos un año más tarde, el
último día del séptimo grado, mientras las chicas estaban empezando su
verano con la fiesta de pijamas. Nadie sabía que en sólo unas horas, Ali
desaparecería.
O que sería el día de su muerte.
Sara Shepard Pretty Little Liars #2 Flawless
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